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Las cosas hermosas vuelven
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Un día en el apartamento de una señora floreció un cactus. De camino al trabajo y pensando en su cactus florecido la señora pisó por error a un hombre que iba cerca de ella en el metro, y cuando él le reclamó, ella se disculpó respetuosamente.

El hombre bajó del metro, compró un diario y la vendedora le dio mal el vuelto. En vez de gritarle, amablemente le pidió que lo revisara y el error se solucionó.

La vendedora se sintió tan bien con tanta amabilidad, que decidió regalarle unas revistas a un viejito que amaba leer pero que no podía comprarlas.

El viejito llegó a su casa ansioso por empezar su lectura y halagó a la hija de su vecina, diciendo que la niña había crecido mucho y que pronto se convertiría en una hermosa mujer.
La vecina contenta y agradecida llegó a su trabajo en una clínica y procuró ayudar a una señora que se equivocó en el día de su consulta.

La señora en la consulta con el médico le pidió que le prescribiera algo para el dolor y que otra persona tomara sus horas de terapia, no quería quitarle a alguien más la posibilidad de hacer terapia. También le pidió disculpas al doctor por todas las veces que lo destrató.

Cuando se dirigía a casa por la noche, el doctor recordó el gesto. Inspirado por eso, decidió comprar una torta y flores para reconciliarse con su madre, luego del altercado que habían tenido. Cuando el doctor llegó a lo de su madre ella le dijo muy feliz:
— No pasa nada, está todo bien y me siento feliz. Pero déjame contarte que hoy me pasó algo muy simpático: cuando me levanté por la mañana ¡mi cactus había florecido!

 

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