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Las criaturas del río
Romina Pavén [ Ver Perfil ]

 El maestro respondió y dijo:

 — Una vez vivía un pueblo en el lecho de un gran río cristalino.

La corriente del río se deslizaba sobre todos sus habitantes, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, buenos y malos, y la corriente seguía su camino ajena a todo lo que no fuera su propia esencia de cristal.

Cada criatura se aferraba como podía a las ramitas y rocas del lecho del río porque su modo de vida consistía en aferrarse y porque desde la cuna todos habían aprendido a resistir la corriente.

 

Pero al fin una criatura dijo:

 — Estoy harta de asirme. Aunque no lo veo con mis propios ojos confío en que la corriente sepa dónde va, me soltaré y dejaré que me lleve donde quiera. Si continúo inmovilizada me moriré de hastío.

 

Las otras criaturas rieron y exclamaron:

 — ¡Necia! Suéltate y la corriente que veneras te arrojará revolcada y hecha pedazos contra las rocas y morirás más rápidamente que de hastío.

Pero la que había hablado en primer término no les hizo caso y después de inhalar profundamente se soltó. Inmediatamente la corriente la revolcó y la lanzó contra las rocas.

Mas la criatura se empecinó en no volver a aferrase y entonces la corriente la alzó del fondo y ella no volvió a magullarse ni a lastimarse.

 

Y las criaturas que se hallaban aguas abajo, que no la conocían, clamaron:

 — ¡Ved un milagro! Una criatura como nosotras, ¡y sin embargo vuela! Ved al mesías que ha venido a salvarnos a todas.

 

Y la que había sido arrastrada por la corriente respondió:

 — No soy más mesías que vosotras. El río se complace en alzarnos con la condición de que nos atrevamos a soltarnos. Nuestra verdadera tarea es este viaje, esta aventura.

  

Pero seguían gritando aún más alto:

 — ¡Salvador! — sin dejar de aferrarse a las rocas. Y cuando volvieron a levantar la vista había desaparecido, y se quedaron solas tejiendo leyendas acerca de un salvador.

 

 

Richard Bach

Escritor estadounidense. Los libros de Bach exponen su filosofía de que nuestros aparentes límites físicos y mortalidad son solo apariencias.

 

 

 

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