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¿Qué es el Ikigai?
Romina Pavén [ Ver Perfil ]

Todo parece indicar que, además de la dieta, otro de los secretos de la longevidad de los japoneses, en especial de los centenarios que viven en Okinawa, radica precisamente en el ikigai, una motivación vital, algo que les da fuerzas para levantarse todas las mañanas y seguir viviendo.

 

La palabra ikigai proviene de los vocablos ikiru y kai. Ikiru significa vivir y kai hace referencia a la materialización de lo que uno espera. Por tanto, este concepto puede traducirse como “una razón para ser”. Según esta filosofía, todos tenemos un ikigai, pero no todos lo descubrimos porque es necesario una búsqueda profunda que implica un viaje introspectivo de autodescubrimiento.

 

Abraham Maslow había hecho referencia a esa razón de ser al escribir: “Un músico debe componer canciones, un artista debe pintar y un poeta debe escribir, si quieren vivir en paz consigo mismo. Lo que un hombre puede ser, debe serlo”.

 

No se trata de buscar la felicidad sino de encontrar lo que hacemos bien y nos apasiona

El objetivo último del ikigai no es la felicidad. De hecho, Japón se ubica en el puesto 51 de los países más felices del mundo. Se trata de un detalle interesante ya que se ha apreciado que quienes buscan la felicidad tienen un mayor riesgo de obsesionarse con ella y ser infelices. La presión por ser felices y el escrutinio constante de nuestras reacciones emocionales suele generar el efecto opuesto y hacer que nos sintamos más insatisfechos y desgraciados.

 

El objetivo del ikigai es descubrir aquello en lo que somos realmente buenos, que nos reporta placer cuando lo realizamos y que puede aportar algo al mundo. Cuando encontramos nuestro lugar en el mundo y nos sentimos satisfechos, en vez de andar dando tumbos por la vida, la felicidad llega sola. De hecho, una persona puede sentir el ikigai incluso en los días más oscuros porque la adversidad no les arrebata esa profunda convicción ni su pasión.

 

Cuando encontramos ese propósito todo nos resulta más fácil y placentero, nos divertimos haciendo nuestro trabajo y nos sentimos útiles porque aportamos algo al mundo. Eso genera una agradable sensación de empoderamiento, además de eliminar gran parte del estrés.

 

Estas preguntas pueden ayudarnos a encontrar esa razón de ser:

 

¿Con qué te sientes realmente cómodo?

Hay personas que se sienten cómodas relacionándose con las demás, otras prefieren actividades más solitarias. Hay quienes aman el riesgo, a otras les da pavor. La idea es que encuentres eso con lo que te sientes cómodo, tan a gusto que te hace sentir que “has nacido para ello”.

 

¿Con qué actividades el tiempo pasa volando?

Responder a esta pregunta te permitirá entrar al “estado de flujo” al cual se refiere Mihaly Csikszentmihalyi. Se trata de buscar esa actividad en la que te sumerges por completo, en la que pierdes la noción del tiempo porque toda tu concentración está puesta en lo que estás haciendo. Y lo disfrutas.

 

¿Qué te resulta fácil hacer?

Todos tenemos habilidades diferentes, cosas que se nos dan mejor. Se trata de encontrar eso que te viene con facilidad, sin importar cuán intrascendente pueda parecerte en un primer momento. Todas las habilidades pueden encauzarse en actividades útiles que te reporten satisfacción.

 

¿Qué te gustaba cuando eras niño?

A medida que crecemos, nos distanciamos de las cosas que más nos gustaban y nos reportaban auténtica satisfacción para plegarnos al deber y la responsabilidad. Sin embargo, todos de niños teníamos “dones naturales”, cosas en las que éramos buenos y nos reportaban una enorme felicidad. Lo que ocurre es que muchos de esos talentos se silencian en la adultez. Para encontrar el ikigai, a veces solo hay que echar la vista atrás.

 

 

El secreto radica en conectar contigo, encontrar lo que te apasiona y descifrar cómo puedes llevarlo a la práctica en tus circunstancias, aportándole valor a los demás. Cuando lo logras, el resto de las cosas que deseas llegarán solas.

 

 

Fuente: culturainquieta.com

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